miércoles, 29 de noviembre de 2023

Fundación de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen

Fue el cura rector de “San Ponciano”, Federico Julio Rasore, quien ideó la creación de parroquias en las ciudades y localidades del área de influencia de la ciudad de La Plata, siendo la "Parroquia Nuestra Señora del Carmen", en Tolosa la primera de ellas.


Tolosa fue fundada por Martín José Iraola en 1871 en el partido de Ensenada, siendo sus tierras expropiadas por Dardo Rocha, gobernador de la provincia de Buenos Aires, para fundar la ciudad de La Plata, en 1882.


Si bien Martín José Iraola había reservado un terreno para la construcción de una iglesia, la no construcción del mismo, obligaba a los pobladores a trasladarse hasta Ensenada para sus prácticas religiosas, prefiriendo luego movilizarse hasta “San Ponciano”, en La Plata, por razones de cercanía.

Podría pensarse que la demora en la construcción de una iglesia en Tolosa, se debiera a la cercanía de la “Parroquia de San Ponciano”, sin embargo, fue el cura Federico Julio Rasore el más interesado en la edificación de un templo en Tolosa, para lo cual el 20 de abril de 1896 había presentado el expediente: "Cura de San Ponciano, sobre la fundación de un templo en Tolosa, ante el "Ministerio de Obras Públicas de la Provincia de La Plata", como así también el 10 de marzo de 1897 creaba la “Comisión Pro Templo de Tolosa”.




Finalmente, después de más de 30 años de la fundación de Tolosa, monseñor Juan Nepomuceno Terrero crea el 20 de marzo de 1902 la “Parroquia Nuestra Señora del Carmen”, sita en la Avenida 1, entre las calles 34 y 35, funcionando hasta el año 1906.


Fue reemplazada por la actual parroquia, sita en la calle 115, entre las calles 529 y 530, del actual barrio de Tolosa, en la ciudad de La Plata, a partir del 8 de abril de 1906, fecha en que concluyó su edificación


La piedra fundamental de la misma, había sido colocada el 24 de mayo de 1903, con la bendición de monseñor Juan Nepomuceno Terrero y la lectura del acta a cargo del entonces cura rector de la “Parroquia San Ponciano, Federico Julio Rasore. (1) 




(1) En el N° 247, del 27 de junio de 1903, de la revista “Caras y Caretas”, como así también en otros números de dicha revista y en otras publicaciones, el apellido Rasore aparece escrito erróneamente como Rassore, con doble s.      

viernes, 17 de noviembre de 2023

Personalidad y opiniones

El presbítero Roberto Enrique Podestá en su libro “El Evangelizador de La Plata”, dedica varios capítulos concernientes a la personalidad de monseñor Federico Julio Rasore.

Para conseguir dicho libro, en enero de 2020 nos trasladamos a la “Biblioteca Pública” de la “Universidad Nacional de La Plata”, sita en Plaza Rocha 137, entre diagonal 78 y calle 7, donde muy atentamente nos permitieron escanearlo.

Mientras mi nieta y yo sosteníamos el libro que apoyamos en uno de los bancos, mi hija Guadalupe lo fotografiaba con su celular, razón por la cual las fotos salieron distorsionadas, lo que no impide su lectura, pero dificulta la reproducción en este blog, siendo más práctico entonces tipearlas, resultando lo siguiente:

Para conseguir dicho libro, en enero de 2020 nos trasladamos a la "Biblioteca Pública" de la "Universidad de La Plata", sita en la Plaza Rocha 137, entre diagonal 78 y calle 7, donde muy atentamente nos permitieron escanearlo.

Mientras mi nieta y yo sosteníamos el libro que apoyamos en uno de los bancos, mi hija lo fotografiaba con su celular, razón por la cual las fotos salireron distorsionadas, lo que no impide su lectura, pero dificulta la reproducción en este blog, siendo más práctico tipearlas, resultando entonces lo siguiente:

Es poco lo que sabemos de los primeros años de Federico J. Rasore. Y esto, solo apenas interesante como testimonio de su incontaminación: Su inocencia.

Es lo que obliga a reflexionar en los años en que vivirá después. Desde su infancia fue dado a Dios, y lejos de apartarse se unió más y más a él. Cuenta el padre Honorato Piffero, que fue vicario cooperador en San Ponciano, haber oído decir a su madre, hablando de Rasore cuando niño monaguillo: Parecía otro San Luis. Y según sus parientes cercanos, Federico era un niño de continente mesurado, asiduo al convento de las monjas del convento de Santa Catalina de Siena donde era acólito, obediente dócil, y de una timidez grande. Tanto su obediencia, como su ductilidad, las conservó y las purificó con los años, pero su timidez se perdió con la infancia, dando lugar a una intrepidez constante, hija de una invariable confianza. Mons. Francisco Alberti escribe de esos años de Rasore: Antes de salir a Roma para estudiar en el Colegio Pio Latino Americano, a los trece años (era acólito de las monjas catalinas de Buenos Aires, subido a una silla, hizo a las monjas una plática muy sentida. Estas lo recordarán después de muchísimos años.

A los trece años fue enviado a Roma para estudiar su carrera. Debemos suponer la fuerte separación que esto suponía, en ese hogar que era un santuario. La carta que escribió a su hermano Antonio en 1882 por la muerte de su padre, pocos meses antes de ordenarse sacerdote, prueba el hondo afecto filial y fraternal que desbordaba. El solo hecho de conservarse hasta nuestros días esa carta, todo lo indica.

Sus estudios, según crédito de sus superiores, que fueron siempre padres de la Compañía de Jesús, se hicieron con la facilidad de su buen talento y su generosa dedicación. Siempre deslumbró por su conciencia del deber, que mucho admiraríase durante su famoso curato de San Ponciano. Y de su virtud, bastaría la exclamación reflexiva del padre José Saderra, que fue su profesor en Roma, y luego estuvo en Buenos Aires regenteando el seminario de Villa Devoto. Rasore era vicario cooperador de la Merced. Saderra lo visitó y dice Mons. Alberti que, refiriéndose a su modestia, comportamiento, etc., dijo a los que lo acompañaban: - ¡Es el mismo, el mismo del colegio!

El padre José Macagno en carta al canónigo Andrés Calcagno sobre informes de Rasore, escribe que fue alumno modelo por 12 años y 11 meses. Lo que me llama la atención fue que ocupó la presidencia o prefectura de la congregación mariana, por tres años seguidos (1883-1885), cosa única que rara y hasta contra los estatutos de la congregación del colegio. Así tal vez, esta triple elección respondiera a lo que se refiere monseñor Alberti en sus testimonios: En el colegio se manifestó muy devoto de la virgen.

Era un trabajador incansable. En una ocasión se le procuraron medios para ir a descansar a un balneario lejano. A los tres días estaba de vuelta en La Plata. Al hacerle el superior algún cargo cariñoso, contestó: - “Monseñor yo no puedo vivir sin trabajar”. Son palabras de su obispo, Francisco Alberti.

Mons. Anunciado Serafini, obispo de Mercedes, escribía cuando aún era párroco de San José de La Plata: “Parecía que había declarado una guerra sin cuartel a la pereza. Más aún, siempre estaba haciendo algo. Solo con esa laboriosidad se comprende el florecimiento y el desenvolvimiento de sus obras múltiples por su aspecto, números, finalidades”. También su primer sacristán, el señor Enrique Colombo, dice que “en su parroquia no quería tener límites de acción. Son tantas sus obras que me es imposible nombrarlas; de extremo a extremo, la ciudad le era muy pequeña para su apostolado”. El padre Honorato M. Piffero, que fue su colaborador, atestigua: “Fui testigo por largos años: Casi nunca tomó recreo, ni siesta ni veraneo, siempre ocupado en las obras parroquiales; el último por la noche y el primero por la mañana…sus vacaciones eran un corto retiro, de preferencia a la sombra del santuario de Luján.

Se levantaba muy temprano. A quien esto escribe, le dijo que dedicaba seis horas y media cada noche al descanso. Como no se permitía ablandamiento alguno en su distribución del trabajo, sospechamos que sus seis horas y media, frecuentemente serían escasas. En las últimas patronales de su iglesia, tuvo un ataque durante la noche y sufrió una sangría de urgencia. A la mañana, a su hora, dijo la misa como de costumbre y continuó atendiendo en el templo a los feligreses que asistían a la fiesta.

Aun la iglesia cerrada comenzaba su oración mental, en posición muy recogida y admirablemente inmóvil. Su libro de meditación era Chaignon: “El sacerdote santificado en la práctica de la oración”, atestigua su obispo. Terminada su larga oración, salía de su ensimismamiento y se retiraba a su escritorio, donde caminando, rezaba el breviario. Mientras tantos se abría la iglesia y, con su breviario, se arrodillaba ante el Santísimo, a la espera de sus penitentes. Confesaba hasta su misa, que era la primera, en el mismo altar del Señor Sacramentado, y los sábados, en el camarín de la virgen. Juzguemos la iniciación del día de Rasore por el horario de su misa” El domingo la decía a las 6, en verano; y a las 6.30 en invierno; los otros días a las 6.30 y a las 7. Celebraba la misa con gran fervor siempre, decía su obispo, daba gracias, envolviéndose en esa atmósfera habituaba en él cuando oraba; y marchaba de nuevo a su confesionario, el que atendía sin ningún apuro. Seguía después un desayuno muy parco, y en él leía superficialmente los diarios, que dejaba con frecuencia para enterarse por terceros de los acontecimientos. Comenzaba después el desfile interminable, pues duraba hasta la noche, de los feligreses, en general y de sus colaboradores. Atendía a todos personalmente, con cierta rapidez, según su modalidad. Y de nuevo tornaba a su tarea interrumpida, ya en su escritorio, ya en la iglesia, sin detenerse un minuto.

Almorzaba a las 11 con rigurosa puntualidad. Su hermana María Rasore, que administraba la economía doméstica y a quien amaba mucho, comía con él y con sus vicarios. Siempre fue muy medido en comer; también lo era en hablar sin ser cerrado. Conversaba sobre los trabajos de la parroquia, los acontecimientos que traían algún interés, o preguntaba acerca de las informaciones periodísticas; comentaba sus proyectos y escuchaba pareceres. Jamás se le vio perder tiempo en las comidas con charlas inútiles. Terminada su rápida comida visitaba el Santísimo. Después de permitía un breve recreo en común, como también después de la cena.

No tomaba siesta, sólo en su última enfermedad, ya muy mal y por consejo de sus vicarios hacía siesta, o al menos, descansaba en su habitación, según testimonio del padre Alejandro Martina, su colaborador en los meses que precedieron a su muerte. En cambio, muchas veces tenía un enfermo que visitar a esa hora. Y el resto de la tarde solía ocuparlo en su escritorio, interrumpiendo la tarea para realizar consultas o reuniones.

No obstante, verse sobre su escritorio una acumulación ingente de trabajo, el orden de sus cosas y asuntos era admirable. Bastaba verlo estirar un brazo para tomar lo que necesitaba y seguir su tarea; la seguridad de su movimiento indicaba que sabía dónde tenía cada cosa. Su gran mueble-biblioteca lucía las divisiones convenientes para sus carpetas, prolijamente ordenadas. Con el tiempo sus fundaciones iban en aumento, y también se vio crecer su biblioteca-fichero. Finalmente la cambió en uno de sus onomásticos, al recibir otra regalada por las congregaciones, más adaptadas a su creciente trabajo. Todavía recordamos su máquina de escribir, una vieja Hammon a lanzadera, con teclas de ebonita ya sin letras por el roce. Desde que se ponía el pie en el hall se oía funcionar su máquina, escribe la señorita María Mones Ruiz. Y se la seguía oyendo en la noche, cuando todos se retiraban a sus habitaciones.

Hasta aquí he tipeado las primeras 32 páginas del libro “El Evangelizador de La Plata”. Desde la página 33 y hasta la 68, Roberto Enrique Podestá narra las obras realizadas por monseñor Federico J. Rasore, año tras año, para abocarse desde la hoja 69 a su personalidad propiamente dicha, la cual reproduzco a continuación.














Omito la transcripción de las páginas 80 a 87, por referirse el autor a la posible designación de obispo de monseñor Federico J. Rasore.  

 

martes, 14 de noviembre de 2023

Monumentos, Medallas y Cuadros

Busto de monseñor Federico Julio Rasore, ubicado en el "Colegio Monseñor Federico J. Rasore", sito en la calle 46, entre las calles 7 y 8 de la ciudad de La Plata. 



Medalla conmemorativa del 24 de septiembre de 1907, al cumplirse las bodas de plata de la actual “Basílica de San Ponciano y Santuario de María y todos los Santos”, en la cual monseñor Federico Julio Rasore era el cura rector de la misma.


Del mes de agosto de 1907 es la medalla correspondiente al tercer aniversario de la “1ra. Escuela Técnica del Hogar Profesional”, cuya ceremonia fue presidida por mons. Federico J. Rasore, con el padrinazgo del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Ignacio Darío Irigoyen Pérez y su esposa María Celia Irigoyen Paz.


Monseñor Rasore figura con la dignidad eclesiástica S.S.I., la cual significa: “Secretario de su Ilustrísima”, que se utilizaba para designar a un clérigo que asistía personal y directamente a un obispo cuya distinción era S.I. (Su Ilustrísima).

La tercera medalla, que al igual que las anteriores la encontré en la red, no se alcanza a distinguir la fecha. No es monseñor Federico J. Rasore quien aparece en el anverso.


Cuadro de monseñor Federico Julio Rasore, ubicado en el patio del "Colegio Monseñor Federico J. Rasore".



Otro cuadro, colocado en el interior del colegio.



sábado, 11 de noviembre de 2023

Placa en la Basílica de San Ponciano y Santuario de María y todos los Santos

En el frente de la “Basílica de San Ponciano y Santuario de María y todos los Santos”, sita en la calle 48 entre la 5 y diagonal 80, en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina, encontramos varias placas que fueron siendo colocadas con el paso de los años.


Las tres placas más antiguas llevan fecha del 31 de diciembre de 1900.




El 13 de diciembre de 1907 fue colocada la siguiente.


Le siguió la del 9 de julio de 1916, en recuerdo de los sacerdotes que lucharon por la independencia de las Provincias Unidas del Sur.


El 13 de octubre de 1929 se colocó la placa en homenaje al Papa Pio XI.


La placa del 13 de enero de 1997 recuerda la fecha en que la otrora “Iglesia de San Ponciano” fuera elevada a basílica por el Papa Juan Pablo II.


También al Papa Juan Pablo II está dedicada la placa puesta el 31 de diciembre de 2000. 


Después de nuestra visita a la basílica fue colocada la última placa hasta el presente, dedicada a San Expedito, ubicada al lado de la estatuilla del mencionado santo, el 11 de diciembre de 2022.



La placa de monseñor Federico J. Rasore, se colocó el 13 de agosto de 1932, al cumplirse el primer aniversario de su deceso, recordando la peregrinación anual de los italianos de la ciudad de La Plata al santuario de la Virgen de Luján, realizada el 23 de octubre de 1910.


Está ubicada a la derecha, vista de frente, de la basílica, arriba de la placa del 13 de diciembre de 1907.





 

lunes, 6 de noviembre de 2023

Tumba en la Basílica de San Ponciano y Santuario de María y todos los Santos

En la “Basílica de San Ponciano y Santuario de María y todos los Santos”, sita en la calle 48 entre la 5 y diagonal 80, en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina, se encuentra la tumba de monseñor Federico Julio Rasore.

Allí fuimos el 11 de enero de 2020 con mi hija Guadalupe, mi nieta Lucila y mi yerno Pablo, a visitar la tumba donde descansan los restos de monseñor Federico Julio Rasore.

Previamente había buscado en “Google Maps” alguna foto que nos permitiera ubicar el lugar donde estaba la sepultura, pero no logré conseguir ninguna, aunque si pude encontrar la del canónigo honorario Guido de Andreis, ubicada en uno de los pasillos del lado izquierda de la basílica.


Teniendo en cuenta que se estaba celebrando una misa, me quedé con mi hija en uno de los asientos, y ahí pude ver parte de la tumba que estaba semicubierta por los bancos que habían agregado en las últimas reformas y los feligreses que asistían a la misa, lo que no nos permitió fotografiarla.

Salimos de la basílica y fuimos hasta la “Biblioteca Pública” de la “Universidad Nacional de La Plata”, sita en Plaza Rocha 137, entre diagonal 78 y calle 7, en la búsqueda del libro “El Evangelizador de La Plata”, del presbítero Roberto Enrique Podestá.

Muy gentilmente atendidos, nos permitieron fotografiar con el celular el libro completo y pudimos enterarnos que Monseñor Federico Julio Rasore, fue enterrado, con la debida autorización de la Santa Sede, el 16 de agosto de 1931, tres días después de su deceso.


También del libro citado, reproduzco el texto de la losa que cubre sus restos, no redactado de corrido, sino en similitud con la del canónigo honorario Guido de Andreis.

Pude encontrar un video filmado antes de que colocaran los asientos encima de la tumba y así poder ver cómo está dispuesto el texto en la losa.




Escuela Técnica del Hogar Profesional

Las escuelas técnicas del hogar comenzaron a funcionar a principios del siglo XX, cumpliendo la función de capacitar a las mujeres para su i...