En febrero de 1879, el
Papa León XIII recibió en la primer audiencia de la historia del periodismo
católico a un millar de periodistas para decirles: Estos tiempos necesitan
de vuestro auxilio… La costumbre ya universal, de editar periódicos se ha
convertido en una necesidad… Hay que convertir en medicina de la sociedad y en
defensa de la iglesia lo que los daños usan para daño de ambas, naciendo así
el concepto de la buena lectura.
En su encíclica “Ab
Apostolici solii” del 15 de octubre de 1890 decía, como quiera que el
principal instrumento de que se sirven los enemigos es la Prensa, inspirada y
sostenida en gran parte por ellos mismos, conviene que los católicos opongan la
“buena Prensa” a la “mala Prensa” para defender la verdad, para la tutela de la
Religión y para el sostenimiento de los derechos de la Iglesia.
Fue entonces que el
cardenal arzobispo de Sevilla, Marcelo Spínola fundó el 1° de febrero de 1899
el “Correo de Andalucía” y la “Asociación de la Buena Prensa”, siendo también
Marcelo Spínola quien convocó en Sevilla el primer “Congreso de la Buena
Prensa”, celebrados del 15 al 18 de julio de 1904, creándose entre otros, el
“Tesoro de la Buena Prensa”, con la finalidad de ayudar y recaudar fondos.
Progresivamente las
asociaciones de la Buena Prensa se fueron extendiendo por toda la península
ibérica e hispanoamérica, incluyendo obviamente nuestro país.
El 17 de noviembre de 1906 monseñor Federico Julio Rasore crea la "Asociación de la Buena Prensa".
En el mes de junio de 1911, toma a su cargo la “Obra de las Estampillas Usadas” creada por la “Asociación de la Buena Prensa”, para coordinar y recolectar los sellos postales usados de las diversas asociaciones del país.
Con los fondos recaudados, se funda una escuela capilla en un país del continente africano, dedicada a nuestra señora de Luján por iniciativa del propio Rasore.



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