El primero de
enero de 1914, monseñor Federico Julio Rasore reabrió el “Colegio de Sordomudos”,
instituto oficial que por falta de presupuesto había cerrado.
Solicitó a las damas vicentinas, que en 1898 habían fundado el “Colegio San Vicente de Paul” con la aprobación de Rasore, que pidieran a las autoridades los elementos que dejaban e hizo venir desde Italia a los padres de la “Compañía de María”, especializados en la docencia para personas con discapacidad auditiva.
Las clases
comenzaron el primero de marzo, siendo gratuitas para los primeros treinta
alumnos que se anotaran.
En 1918 agrandó el colegio e incorporó talleres de sastrería y zapatería, ofreciendo de esta manera no solo educación, sino también una salida laboral.


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